Andrés Brignardello: documentalista, escritor, ex político y funcionario municipal
Cuando la política convierte el odio en indiferencia
Su padre perteneció al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y murió en un enfrentamiento con militares; su casa fue allanada por agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI). Hoy está preparando un documental sobre la vida del sacerdote inglés Miguel Woodward, ejecutado político de la dictadura. Y resulta que no guarda absoluto rencor ni pena. “Pasó mucho tiempo. Ahora me toca vivir a mí”.
Daniela Barría R.
Andrés Brignardello Valdivia (38, soltero) vivió su infancia durante el gobierno popular de Salvador Allende, y la adolescencia bajo las garras de los uniformados que se tomaron el país en 1973. Cuando cumplió 18 años, decidió estudiar Castellano en la Universidad Católica de Valparaíso (UCV) para no dejar la ciudad que lo vio nacer, ni a su familia que perdió a su jefe de hogar cuando trataba de echar abajo una torre de alta tensión como protesta contra la dictadura. Justo cuando lo estaba logrando, llegaron los hombres de la CNI y le dispararon sin pensarlo dos veces.
Hoy es Director del Departamento de Deportes de la Municipalidad de Quilpué, y además autor del libro “Valparaíso Anarquista” (2006, autoedición) y del documental “1985- Valparaíso Cárcel Pública” (2005). Brignardello ha pasado su viva en constante pugna con otros (generalmente con hombres de la política) y consigo mismo, ya que no por casualidad llegaron a sus brazos tres hijos, pero sin un amor de esos que son para toda la vida (“nunca me casé…y ya no lo hice”).
Combatir y luchar por ideales concretos, sin importar lo que pudiese pasar, parecen ser los hilos que han movido a este hombre de hablar rápido, andanzas bohemias y protagonista de historias insólitas. Mientras fuma, se divierte recordando aquella vez cuando- por allá en 1987 y bajo la instrucción de la base operativa del Partido Comunista en el que militaba- tuvo que quemar 8 micros en Viña del Mar como una forma de manifestación en contra de un nuevo aniversario del golpe de Estado del 11 de Septiembre del ’73. “Y como andábamos en un grupo mixto, decidimos que lo mejor era pasar piola estando en parejas y simulando ser pololos por un buen rato. ¡Pero bien pololos po’h! (risas)”.
Medio resentido, medio justiciero
Cuando Andrés tenía que decidir qué estudiar al cumplir la mayoría de edad, no lo pensó mucho. Él mismo reconoce que eligió Castellano en la UCV porque “estaba en la Jota (Juventudes Comunistas) y era una carrera muy compatible en términos de pensamiento y movimiento estudiantil con la militancia en el partido”. Pero al cabo de meses, las ganas ya no eran las mismas y la mente estaba puesta en otros fines.
“Yo en primer año me di cuenta que no me gustaba la carrera. Aparte, no me daba el tiempo para estudiar y cumplir con la Jota. Siempre estuve metido en cosas culturales y, por eso, cuando decidí cambiarme de carrera, lo hice a Música. Y tampoco pude seguir, porque es peor que Castellano. Te demanda más tiempo y es mucho más absorbente. Yo estaba en otra po’h. ¡Yo quería echar a Pinochet! Vivíamos para eso”.
En su segunda carrera tampoco duró demasiado. Sólo un año más que en la anterior. Y, sin embargo, no desesperó como podría haberlo hecho un joven que, teniendo los recursos, se daba cuenta que ser universitario no era lo suyo. “En esos tiempos yo aspiraba solamente a una cosa: a lo político. Todo mi tiempo se iba en reuniones con gente del partido o en idear planes para protestar en contra de la dictadura. Mi padre había sido muerto en 1985 mientras luchaba por la libertad cuando yo tenía apenas 17 años. Imagínate…”.
Llega la democracia… ¿y?
En 1990 cambia la historia de Chile. Luego del plebiscito llega la democracia, y su rostro oficial es Patricio Aylwin, Demócrata Cristiano. “Recuerdo que ese año llegó mi primer hijo y también comenzó la crisis de los comunistas. A mi me dio lata la actitud de la gente del partido, a pesar de que mi padre murió luchando en su nombre. Me di cuenta que la Jota siempre se ha autodefinido como un grupo de vanguardia, formado por intelectuales que se hacen llamar ‘la entidad superior del movimiento obrero’ y que piensan que el mundo es blanco y negro. Yo creo que la gente tiene sabidurías populares propias y que no puede estar tan equivocada al votar todos estos años por la Concertación. Y bueno, tuvimos esa discusión interna en el partido y, por supuesto, ¡nos echaron cagando a todos! (risas)”.
Un par de años después se integró al Partido Por la Democracia (PPD). “Estuve 4 años militando, y al final igual terminé renunciando. Es que ese es un partido para hacer negocios solamente. Aquí, en la Quinta Región, el político que manda es Rodrigo González. Ningún otro más. En el último Consejo General del PPD se votó un planteamiento para que él pudiese asumir la presidencia del partido. Y 99 personas votaron a favor y yo voté en contra. En ese momento me di cuenta que estaba (Guido) Girardi mirándome, y decía: ‘¡siempre remando pa’l otro la’o! (risas)’”.
Fue en ese momento en que se alejó de los partidos políticos. No quiso saber más de votaciones, conspiraciones o artilugios políticos convencionales. “Mi apetito de poder no es tan grande como el de muchos. A mí me gustan otras cosas: he escrito libros, he hecho documentales ¿cachai?… Toda la energía y mi tiempo la estoy dedicando a hacer política, pero una mucho más cercana a la gente”.
Cuando Andrés comienza a hablar de qué se trata su propia visión de la política, le brillan los ojos. Hace una pausa entre que toma el cigarro con su mano derecha y bebe un sorbo de bebida. Después respira hondo y enfatiza: “Me he dedicado a dar a conocer las historias sindicales, poblacionales y artísticas de las personas comunes y corrientes de Valparaíso y Viña del Mar, que no tienen huellas concretas ni registro alguno. Siempre he pensado que esta despreocupación de retratar al habitante del cerro se manifiesta claramente en los nombres de las calles principales de las urbes. Fíjate en la Plaza Sotomayor, las avenidas Almirante Montt, Errázuriz o San Martín… Todas vinculadas a agentes del poder, ¿viste? Mi forma de hacer política es distinta. Yo trabajo para la gente y no me importa vender o ser reconocido. Yo quiero que otros sean los distinguidos”.
Finalmente, de la nada, recuerda cuando su casa en Viña del Mar fue allanada por la CNI meses después de saber que jamás volvería a ver a su padre. “En ese tiempo mis ideales los tenía claros. Mi meta era una sola: que se acabara la dictadura. Y gasté todo mi tiempo de cabro en eso hasta que lo logramos. Ahora pienso en qué pasó con la forma de hacer política y cuáles son los fines de estar metido en estos tiempos, y no puedo pensar en nada… Los jóvenes no tienen idea contra qué pelear. Muchos no están ni ahí con cambiar el mundo. Pero bueno, qué se le va a hacer. Si hasta mi hijo mayor es medio anarkista. Para mí ha pasado mucho tiempo. Ahora me toca vivir a mí y mirar desde afuera”.
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1 comentario:
INTERESANTE, Y GRAN EXPERIENCIA DE VIDA.
SALUDOS
JONATHAN
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